CATALINA OTÁLVARO

 

 

 

 

Eso de que la suerte de la fea la bonita la desea son pamplinas. No conozco a la primera bonita que quiera ponerse en los zapatos de un cachalote, ni mucho menos de un bagre bigotudo y gordo. No imagino nunca a Audrey Hepburn soñando con ser Teresa Gutiérrez, ni a la princesa de Mónaco entregando su belleza a cambio de un Nobel de Economía.